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Salinas de Belinchón: El oro blanco que ya explotaban los romanos

No tenemos que desplazarnos a las fabulosas salinas de San Pedro del Pinatar (Murcia), a las de santa Pola (Alicante) o a las del Valle de Añana (Álava) para empaparnos del curioso pasado de este oro blanco que tanto ha supuesto en la historia de nuestro país.

Porque es en la propia provincia de Cuenca donde podemos encontrar antiguas explotaciones salineras que marcaron el devenir de las localidades que las explotaban: Salinas del Manzano, Monteagudo de las Salinas, La Pesquera, Minglanilla…, aunque ya en desuso todas ellas.
Pero una de las más importantes —y que actualmente sigue funcionando— son las salinas que se ubican en la localidad conquense de Belinchón (Cuenca). Estas antiquísimas salinas son poseedoras de una larga historia que transita entre avatares históricos que van desde la época romana hasta nuestros días.

Las salinas de Belinchón llegaron a producir en su época de máximo esplendor entre 40.000 y 60.000 fanegas de sal al año (más de dos millones de kilos). Como dato comparativo y curioso hemos de decir que las salinas de mayor producción de Europa (las de Torrevieja, Alicante) producen hoy en día unos sesenta millones de kilos al año.

De los primeros explotadores, los romanos, se sabe por los restos arqueológicos encontrados en la zona y pueblos de alrededor, y del resto de quienes las comercializaron (reyes, arzobispos, marqueses…), por los numerosos documentos que atestiguan cómo fueron aumentando durante muchos siglos las arcas reales y las de sus propietarios.

Hoy, la empresa Salinas de Belinchón, explota y comercializa la solución acuosa conocida como salmuera, muy apreciada en diversos sectores industriales, como el químico, el textil y el alimentario.

Cómo se elaboraba la sal

Las salinas se proveían del agua que se extraía de un pozo construido junto al Arroyo Salado, que iba a desembocar en el Tajo. El sistema rudimentario para sacar necesitaba de un sistema de norias de madera que dependía de la fuerza de animales de tiro (lo que se denominaba «norias de sangre»). Desde ahí el agua era volcada y dirigida por los canales (presones) hasta las propias balsas de concentración, pues era ahí donde se aceleraba esta concentración de sal a través de la evaporación.

La sal depositada se removía una vez cada siete días, justo antes de que el agua se evaporase totalmente. Este procedimiento era conocido como arrollar y se basaba en empujar la sal hasta el borde de los vasos y amontonarla mediante un rodillo. Desde ahí era transportada al almacén y ahí era molida, quedando pendiente de su posterior comercialización.

Este proceso se mantuvo durante cientos de años sin apenas cambios considerables. Lo que sí mejoró con el tiempo fue la cantidad y calidad de las instalaciones para así dar un mejor rendimiento a la explotación salinera.

En el recuerdo quedan oficios relacionados con las salinas, como el del alamín (que se encargaba del buen funcionamiento de estas) y el albalaero (que concedían las cédulas reales para la explotación de las salinas).

Actualmente, y dados los avances tecnológicos, la disolución salina ya está hecha, no hay que prepararla y se introduce en un camión cisterna. Algunas de las de las características principales de la sal moderna, y que mejoran notablemente su uso, son: no tiene decantaciones ni deja posos y no se utilizan sacos (por lo que se evita la posterior eliminación de envases). Como podemos comprobar…, ¡pura sostenibilidad!

Los alfolíes o almacenes de sal

Si la extracción de la sal era la primera etapa de la explotación, el acopio de esta requería de almacenes de sal (alfolíes). Las salinas de Belinchón, actualmente, conservan además de las antiguas casas de los dueños y trabajadores, dos almacenes de planta rectangular y fechados en el siglo XVIII.

El pequeño, de mayor antigüedad, está dotado con una línea central de pilares de madera, mientras el mayor tiene dos líneas simétricas de postes, sustentando la estructura de la cubierta, reforzando en ambos casos, con contrafuertes, las esquinas. Ha desaparecido la citada noria sustituida por una bomba que extrae agua del pozo, así como las canalizaciones de madera, incluso elevadas que abastecían dichos almacenes.

El entramado de mampostería que se puede contemplar es de un equilibrio inaudito, casi imposible, y que nos deja la sensación de estar contemplando una actividad pretérita tan apasionante como, desgraciadamente, olvidada.

Usos de la salmuera

La sal es considerada el condimento más antiguo usado por el hombre, pero es en la actualidad donde sus principales aplicaciones industriales se encuentran en la fabricación de detergentes en polvo, fabricación de celulosa para la obtención de pasta de papel, en la industria textil, como aditivo para la fabricación de vidrio, en la síntesis de enzimas (elaboración de vinos), en productos de farmacia y en procesos siderúrgicos.

Algunas curiosidades de las salinas de Belinchón

– Se donan estas salinas al arzobispado de Toledo en 1146 por parte del rey Alfonso VII.

– La Orden de Santiago llegó a cobrar 400 florines de oro como cuota asignada a dicha orden.

– Las salinas de Belinchón son citadas por el Arcipreste de Hita en su célebre obra del Libro del Buen Amor.

Felipe II, para sufragar los inmensos gastos militares que supone la guerra en Flandes, se apropia de las salinas en 1564.

– En 1873 pasan a manos privadas (las adquiere el Marqués de Remisa).

– Dada la riqueza que suponían las salinas para el pueblo de Belinchón, la población de esta localidad en el siglo XVI era superior a la de ahora.

Esparto, espejuelo y sal conformaban los tres productos más importantes que se sacaban de la zona de Belinchón.

Cada litro de agua que se extrae en estas salinas posee 315 gramos de sal, con un 26 % de salinidad (la del mar Mediterráneo ronda solamente 38 gramos por litro). Echar un trago de esta agua supone casi como verter un salero en la boca.

– La reina Isabel II de España (1830-1904) acudía al balneario que se construyó en estas salinas en el siglo XIX, pues se sabía del valor terapéutico de la sal en las dolencias reumáticas. En la fachada de uno de los edificios se puede ver el escudo real de la corona.

– Hasta veinte salobrales hubo en la provincia de Cuenca, quedando las salinas de Belinchón como única explotación salinera.

– En el escudo de Belinchón, dividido en dos partes, aparece un pequeño montículo de sal, dejando constancia de la gran importancia de la sal en este municipio conquense.

Evolución de la explotación de las salinas

La evolución hacia una merma de las explotaciones salineras a partir de los años 60 del pasado siglo se debe a un conjunto de factores que han ido disminuyendo la continuidad de las salinas de interior: sustitución de los métodos de conservación tradicionales, el gran desarrollo de las salinas costeras y el abaratamiento de los transportes de mercancías… Esto ha provocado, ya no únicamente la desaparición física de la arquitectura salinera —caracterizada por su fragilidad—, sino que ha ido de la mano de la continua caída en el olvido de las propias explotaciones y de las personas que trabajaban en ellas, y cuyo conocimiento de este ancestral arte de extracción corre peligro de convertirse en un vestigio del pasado.

Afortunadamente, y gracias al pundonor y esfuerzo de la familia que gestiona las salinas de Belinchón, podemos sentirnos orgullosos de saber que este recurso sigue a pleno rendimiento y con una excelente proyección de futuro. 

Agradecimientos

Desde aquí queremos agradecer enormemente a los actuales propietarios de las salinas la inestimable ayuda que nos prestaron para mostrarnos las salinas de Belinchón y transmitirnos la pasión por un mundo de la sal tan desconocido hasta ahora como apasionante.

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