Patrimonio Digital

El santuario de la Virgen de la Loma

¡Mucho más que una plaza de toros en un convento!

Es muy curioso comprobar, cuando hablas de que este santuario tiene una plaza de toros dentro, que quienes escuchen no den crédito a lo que les estás contando. ¿Es posible que un monumento de esta envergadura e historia tenga un coso taurino en su interior?

Bien, vayamos por partes y no nos quedemos en ese chocante y atractivo dato, pues no haría justicia a todo lo que guarda esta construcción, tanto en su interior como en su exterior, siendo, posiblemente, uno de los más notables monumentos de toda la provincia conquense.

Ahí está el modelo 3D, para ti, para que tengas la posibilidad de tocarla virtualmente ahora y en persona cuando vengas… ¡porque seguro que vas a venir!

¿Cuál es su origen y el motivo de su construcción?

Dado que la imagen de esta virgen cobró significativa relevancia en el siglo XVII por la devoción de sus habitantes se pensó en la construcción del convento agustino para promover el culto popular a la imagen mariana.

Así, en el año 1680, el ayuntamiento campillano puso a disposición de esta orden de san Agustín la ermita, la casa adjunta y la huerta para la instalación del convento. El nuevo edificio comenzó a construirse en 1690, concluyendo las obras en 1712.

Es con la desamortización de bienes inmuebles religiosos en el siglo XIX cuando sale a subasta este magnífico edificio, aunque ya estaba en estado ruinoso. Es así como pasa a manos privadas y, más tarde, se construye una plaza de toros en el claustro del convento una vez que el terreno es adquirido por el municipio.

¡Seguro que ahora quieres ver una foto de esta curiosa plaza de toros! ¿Y si te decimos que la puedes visitar por dentro ahora mismo? Sumérgete en ella a través de nuestro modelo 3D y sigue explorando el convento mientras sigues leyendo.

¡Exploramos el modelo 3D!

Si miramos desde el exterior su imponente fachada, los sillares de piedra parecen marcar perfectamente los dos diferentes cuerpos del complejo edificado (convento y templo). Y es que mirar desde cualquier ángulo este grandioso edificio, impone.

La piedra parece hablarnos, como si quisiera que descubriéramos todo lo que ofrece, pero no a simple vista, sino que el edificio nos va a requerir un pequeño esfuerzo de observación, y os podemos asegurar que merece la pena…

Así, en la fachada principal, podremos observar las inscripciones que la adornan. Es, en una de ellas, donde se nos habla de su autor: el arquitecto-fraile Pedro Ocaña, y de la importancia de este edificio cuando se puede leer en esa especie de cuarteto de rima abrazada:

«Con la comarca esta villa /

y con sus hijos Ocaña /

 en un lustro con su maña /

ha hecho esta maravilla».

También nuestra vista podrá localizar el escudo de los agustinos recoletos, un corazón atravesado por dos dardos y que marca el origen de la orden fundadora de este convento.

El estilo barroco del interior de esta iglesia de una sola nave con planta de cruz latina alberga cuatro capillas laterales que mantendrán fija la mirada de quien aquí se acerque.

¿Seremos capaces de aproximarnos por encima de las puertas para comprobar las tres hornacinas con las figuras sin cabeza de la Patrona, el mismo san Agustín y santo Tomás de Villanueva?

¿Y en el alero de la esquina? ¿Se nos desvelará la forma casi imposible de la inscripción: “ANNO DNI? 1697”?, que es la fecha del final de las obras de la fachada principal del convento (recordemos que se terminó en 1712).

No, no dejaremos de sorprendernos en nuestro deambular visual por la fachada cuando, muy próximo a esta inscripción, se ubica una ventana cuyo dintel tiene esculpidas dos sandalias y dos alpargatas, las cuales nos confirman que allí se ubicó la celda prioral y que dicho convento pertenece a la orden de los agustinos recoletos o descalzos, pues son esas sandalias y esas alpargatas las que aluden a ir descalzos de esta orden.

Y una última propuesta para los viajeros curiosos es la búsqueda de las inscripciones que jalonan las piedras, tanto por dentro como por fuera.

Las que más nos han llamado la atención son las marcas de los canteros de esa época, que pueden verse en todas las piezas (dovelas) que conforman el arco de medio punto de la parte trasera del convento.

¿Por qué firmaban los canteros su trabajo?

–> Con su marca se sabía quién la había hecho para así poder cobrar su trabajo o retocarla si así se requería. Un tipo de «copyright» de esos tiempos.

–> Gracias a ellas se sabía quién la había hecho, dato muy útil para cobrar la faena o retocarla y modificarla si así se requería.

–> servían, además, para saber cómo y dónde se tenían que colocar las piedras.

Más allá de las características arquitectónicas y de estilo que guarda esta sorprendente construcción es el elemento histórico del porqué lo que realmente hace llamativa esta construcción.

El retablo mayor

El retablo mayor de esta iglesia, que es una auténtica maravilla del Barroco, fue tallado en madera de pino y está formado por seis columnas de estilo salomónico tan características de esa época.

Mirando desde abajo el retablo se estructura en cinco partes o secciones: el sotabanco (que es la parte inferior del banco doble del retablo y en el que destacan los cuatro símbolos agustinianos); la predela (banco inferior del retablo y formado por siete tablas en medio relieve y con motivos de la historia agustiniana); dos pisos (en el primero con un bonito juego de ménsulas y sus ángeles y, en el segundo, con su hornacina); y un ático semicircular.

Sin un modelo digital no es tan fácil imaginárselo, ¿verdad?

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La iglesia parroquial de San Andrés te espera aquí.

Nota de los autores: queremos agradecer la inestimable colaboración del cronista oficial de Campillo de Albobuey, Santiago Montoya, quien de forma didáctica y apasionada nos ha mostrado mucho del increíble patrimonio que nos aguarda si visitamos esta localidad de la Manchuela conquense.

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