Patrimonio Digital

Ayuntamiento de Belinchón en 3D:
oficinas municipales en una casa palacio

Acostumbrados muchas veces a realizar trámites en dependencias municipales en los que los edificios son impersonales o pecan de una supuesta modernidad, se agradece que todavía existan pequeños ejemplos —fundamentalmente en el mundo rural— en los que la estética de un patrimonio pretérito se ha mantenido con criterio.

La historia del ayuntamiento de Belinchón

Así ocurre en el ayuntamiento de Belinchón, un bonito edificio del siglo XVIII que fue casa palacio de D. Francisco Álvarez de Toledo. A finales de ese mismo siglo (hacia 1797) esta construcción pasó a ser propiedad del pueblo. Se aprovechó la nueva adquisición para ir trasladando allí las dependencias municipales que, hasta entonces, se ubicaban en la Plaza Vieja: cárcel, salas capitulares, granero público (pósito)…

Desde este traslado la plaza recibe el nombre de Plaza Nueva, actualmente plaza de la Constitución, convirtiéndose en el centro del pueblo.

 

Su fachada tiene soportales castellanos sobre columnas toscanas que sostienen una estructura arquitrabada de madera. En su interior se abre un patio porticado que nos recuerda a los de un claustro conventual. En el lateral este de su fachada principal tiene adosada la Torre del Reloj (que es de 1919) con inscripciones de su construcción y restauración.

El ayuntamiento de Belinchón en 3D

Las curiosidades de este edificio están en los detalles. Con nuestro modelo 3D puedes observar con precisión las dos placas conmemorativas adosadas:

— La que se encuentra a más altura es la que recuerda el traslado del Ayuntamiento.

— La que está más abajo es la que recuerda la reedificación del Ayuntamiento a cargo del peculio público de la villa.

Placa conmemorativa I

Placa conmemorativa II

También puedes comprobar que el escudo de Belinchón es un escudo partido, cuyas armas son un montón de sal (hace referencia a la importancia de las salinas) y, en el lado izquierdo, se sitúan las armas que se corresponden con las insignias de los arzobispos primados de Toledo (cruz doble trebolada de oro y un sombrero forrado de verde), cuyo control sobre Belinchón se extendió varios siglos. En la bordura de plata, en letras de oro, va la leyenda: “Fuero de la Villa de Belinchón. 1171”, que fue el primero que se concedió a la villa por D. Cerebruno (Arzobispo de Toledo).

Escudo de Belinchón

Fuente ayuntamiento lado izquierdo

Balcón del Ayuntamiento de Belinchón

La historia de la danza de Belinchón

Desde 2018 la casa consistorial alberga el Museo de la Danza de Belinchón. Este pequeño espacio expositivo invita a los visitantes a hacer un detallado recorrido por la historia de la danza de Belinchón, que fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 2016.

Más de ochenta años de historia en los que se recogen el traje antiguo del Porra, los del Castañuelón y los danzantes.

Escultura del danzante de Belinchón en 3D

Pero, ¿por qué de la importancia de esta danza?

Los orígenes de estas danzas no se conocen con certeza, hay opiniones que colocan su origen en rituales o cultos de los pueblos agricultores a los espíritus vegetales para la obtención de buenas cosechas y la desaparición de plagas y enfermedades. Este aspecto ya lo hemos visto en otras manifestaciones similares, celebradas también en el ciclo festivo de primavera, cuyo origen lo encontramos en antiguos cultos a deidades paganas íntimamente relacionadas con ritos agrícolas y con el mundo vegetal. Uno de los indicadores más claros de este aspecto son los vistosos y coloridos gorros floreados que usan los danzantes, así como la gran cantidad de cintas de colores que llevan cosidas a sus trajes, clara llamada al despertar de la naturaleza. Estos cultos precristianos fueron asumidos por el cristianismo.

En cuanto a datación histórica por tradición oral se sabe que en los trajes de los danzantes, desaparecidos en 1936, figuraba el año 1777, sin que se sepa si era la fecha de confección o la de creación de la Danza. Sin duda, esta es una danza con más de dos siglos de historia.

El libro de la Cofradía del Santo Cristo aporta datos desde 1862.

Estas danzas rituales, que el Porra o Botarga, el Castañuelón y ocho danzantes ejecutan en las fiestas en Honor del Santo Cristo Arrodillado, convierten a esta localidad conquense en un referente de conservación del patrimonio etnográfico.

El Porra o Botarga es el Director y acompaña a los danzantes y toma su nombre de la porra que porta, confeccionada con telas de color verde y rojo, y con la que va abriéndose paso y marcando el ritmo que han de llevar los danzantes. Viste un traje compuesto por pantalón con un cascabel en la entrepierna y chaqueta arlequinados, combinando los colores verde y rojo y lleva corbata y gorrilla con visera.

El Castañuelón  es el Alcalde de la danza, y porta un bastón de mando o vara, y las grandes castañuelas por las que recibe su nombre, con las que recoge la voluntad siempre que La Danza actúa en la plaza. Viste el mismo traje que el Porra, con la única diferencia de que este lleva chaqueta con levita, una banda ricamente decorada cruzada al pecho y un gorro de tipo militar. Se encarga de mantener el orden y de pedir permiso a las autoridades para comenzar la danza. 

La indumentaria de los ocho danzantes se compone de enaguas blancas almidonadas, pololos, medias caladas, blusa blanca con corbata, mandil rematado en una especie de cota y zapatillas blancas; todo ello aderezado con grandes lazos y cintas de llamativos colores. Llevan a la cintura un gran lazo que cae por la parte trasera, y sobre la espalda un vistoso rosetón compuesto por cintas y rematado en el centro con una gran medalla. Llevan escarapelas en los hombros, y cintas de colores anudadas en los puños, codos y rodillas. Dos cintas anchas de tela cruzan el pecho en uno y otro lado del cuerpo. La prenda más llamativa y característica de esta indumentaria es sin duda el tradicional gorro, que está compuesto por un cilindro forrado de tela blanca y profusamente decorado con cordones de colores y gran cantidad de medallas, cruces y broches. Remata el gorro un penacho de flores de papel de múltiples colores. Los danzantes se sirven de castañuelas decoradas con cintas multicolores, para marcar el ritmo de las diferentes danzas figuras de la danza.

Escultura del danzante

El pueblo de Belinchón homenajea con esta escultura a todos los danzantes que con su devoción han contribuido a mantener nuestra tradición. 

La expresión más auténtica de un pueblo está en sus danzas.

Guía gratuita 🎁

Suscríbete a nuestro boletín quincenal y te enviaremos nuestra guía exclusiva de Belinchón.

¡Para sacar el mejor partido de tu próxima visita!

¡No enviamos spam! Subscribiéndote aceptas nuestra política de privacidad.